sábado, 9 de junio de 2012

No a la tala de la biblioteca

No a la tala de la biblioteca


Sevilla nuevamente se ha enfrentado a sí misma. Un proyecto de avance, una idea para el futuro en la educación de nuestro jóvenes, algo necesario, que por desgracia no verá la luz.

La movilización ciudadana, más preocupada de no ver desde su ventana un campanario que del bien social y educacional que aportaría dicho edificio, ha conseguido que se derribe lo ya construido de la biblioteca que la Universidad de Sevilla quería erigir como centro de estudio y conocimiento. Esto deja desoladas a las facultades céntricas que no disponen de ninguna biblioteca donde poder estudiar o ampliar sus saberes.
A tener en cuenta también, es el gasto ya invertido en esta obra. Un gasto invertido en la época en la que el actual Rector era Vice-rector, por lo que se ve que nuevamente el castigo recae sobre el estudiante en vez de en los que controlan la nave Hispalense.

Pero lo más grave es la difícilmente catalogable escala de valores de la sociedad sevillana. Una opinión que como excavadoras han conseguido tirar abajo la biblioteca. Pero, ¿qué ocurrirá cuando el actual alcalde cumpla (si algún día hace alguna de sus propuestas...) con el proyecto de la ciudad de la justicia? En el proyecto, para el que no lo conozca, además de hacer un macro-parking de tres plantas que cogería toda la extensión del Prado, acabaría con todos los árboles del antiguo recinto ferial. Y es que, la excusa de porque no debería construirse la biblioteca no era otra que bajo el lema "No a la tala", evitar que se acabara con los árboles del sector donde se tenia pensado la edificación.

Ojalá esta Sevilla desagradecida y borrega levantara la voz y se plantara delante de la obra y exigiera un No a la tala de la biblioteca, por el futuro de nuestros hijos y por el bien de la ciudad, un centro cultural junto al Rectorado de la Universidad y comunicado con todos los autobuses de la zona para que cualquiera pudiera llegar con la facilidad que nos aportan nuestros transportes públicos.

La realidad es que nos quedaremos en casa, esperaremos a que tumben el árbol de la ciencia que se estaba levantando, pero eso sí, podremos ver desde nuestros balcones la Giralda que es todo lo que necesitamos para nuestra existencia y el ¿futuro? de nuestros hijos.

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